Rómulo Mar
  Willy Caramelo
 

 

Willy Caramelo se había propuesto, o quizá lo hacía involuntariamente, llevar siempre la contraria a todo y a todos. Y también padecía de tan mala memoria que se hubiera ganado el Nóbel si existiera premio para tal.
Los padres querían que estudiara; sin embargo, él hacía cualquier cosa, menos realizar sus tareas y repasar contenidos asignados. Ese era su comportamiento regular.
Pero como decía él mismo que no hay mal que por bien no venga… Un día apareció en un sillón de la sala de su casa un libro amarillo que emitía destellos. Atraído por la curiosidad, se sentó y lo colocó entre sus piernas. Movido por una fuerza misteriosa, lo abrió y se adentró en sus páginas...
Devoró palabras, líneas, párrafos y capítulos con tal ímpetu que, sin detenerse mas que para dormir (leyó hasta en las horas de comida, subiendo escaleras, en el baño, vistiéndose…), en menos de tres días lo concluyó.
La pasión por la lectura y por los libros se le prendió tanto que se le olvidó… olvidar… y llevar la contraria a todo y a todos.
Desde el día siguiente a la aparición de aquél libro, en su clase de quinto primaria, la maestra se quedó con la boca abierta al contemplar el evidente cambio del “dulce alumno”, como desde entonces ella lo empezó a nombrar. La emoción rebasó los límites normales, pues la Seño llegó a contagiarse de la buena actitud de su alumno y comenzó a preparar y a impartir clases con mucha más creatividad y mayor dedicación. Además, desde aquél día, se le ocurrió obsequiar caramelos y chocolates a su distinguido estudiante.
Los demás niños al observar el edulcorante acontecimiento, despertaron de su marasmo, desempolvaron su inteligencia y empezaron a leer y a aprender todo lo que podían para intentar conseguir algo de tan apetecidos premios.
Después, la educadora razonó sobre su procedimiento de estimular con premios a los alumnos y consideró más conveniente motivarlos obsequiándoles un lote de atractivos libros de cuentos. De estos libros tú tienes uno de ellos en tus manos en estos momentos, como premio también.
Estos textos encendieron más la chispa de la pasión por las letras.
En tal situación, la preparación de Willy Caramelo fue en ascenso. Las tareas, las pruebas parciales y bimestrales de Matemática, Idioma, Inglés, Sociales, Ciencias, Música, Moral y Compu a las que se sometió, tuvieron poca dificultad para él. Las esperaba con ansias para poner a prueba sus conocimientos. No le interesaban mucho los punteos, ni las adulaciones, quería, principalmente, probarse así mismo. Un chico excepcional, realmente.
De esa manera inesperada cambió la vida del que antes era más conocido por el mote de “olvidadizo”. Willy Caramelo se convirtió en un lector obsesivo. Así como leía en su casa, leía en la calle, en el bus… Eso lo llevó a ser un erudito, una persona que sabía de todo y que sentía un gusto placentero al recorrer las líneas de los textos para enterarse de su contenido.
Cuando por fuerza mayor no podía detenerse a saborear ni siquiera un trozo de lectura, sentía una enorme insatisfacción que lo ponía triste y desanimado.
Pero eso era pasajero, como pasan las nubes negras. Lo más importante de este cuento, según lo relató el mismo Willy Caramelo en una reunión, es que gracias a toda la sabiduría que extrajo de los libros llegó a ser un hombre con gran éxito en la vida y, lo mejor de todo, ser muy feliz al practicar lo que cada obra literaria o científica le entregó.





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