Rómulo Mar
  El libro mágico (cuento abierto)
 
Este es un cuento inconcluso que tú, lector, debes tratar de completar.
 
 
                Ya hay un libro en el futuro.
            A mí me encargaron su redacción. Está en mi mente, lo que me permite mantenerlo allá o desaparecerlo si lo deseara. Por esa razón, allá adelante nadie va y viene tan rápido como yo.
            Si tú avanzas, hallarás el libro en dos versiones: en papel todavía y en internet, pero ambos flotando en el aire.
            No tendrás que comprarlo para obtenerlo, estará en cualquier lado por donde andes, a tu alcance.
            Podrás estar, por ejemplo, en un parque y jalarlo, sostenerlo en el aire mientras comes maní o uvas y leer gustoso. Sólo una mano deberás mover para cambiar página.
            El contenido del libro es sobre que yo soy el escritor de un libro del futuro que dice cosas del futuro; que tú lo encontrarás cual hoja al viento y lo leerás, y lo dejarás donde apareció para que cualquier otro lo pueda leer después.
            La creación del libro se produce de una manera sorprendente: pienso los textos de una forma común y corriente y las letras, por sí solas, se van ordenando en futuro.
            Y, claro, como es parte de mi facultad, a veces voy a escribir al revés, de derecha a izquierda, usando los tiempos al contrario: Por ejemplo, cuando yo diga libro leeré, es que lo leí. Si digo que lo leí, es que lo leeré. Si digo que lo leo, es porque… ¿En qué tiempo leo?
            (Tú, que lees, responde la pregunta porque yo ya estoy en el futuro escribiendo tu contestación)
            Soy el mago de las palabras. El escritor-mago. Escribiré en todas partes, en cualquier lugar del universo, y sobre todos los temas simultáneamente. (Escritor omnifuturo.) Las ideas, los relatos completos de lo que acontecerá, estarán en el libro unos minutos antes de que ocurran.
Mira esta situación hipotética: Tú serás buen jugador o jugadora de fútbol, o del deporte que prefieras; entras al terreno de juego en un gran estadio. Estás sobre el césped recién recortado, con tus brillantes zapatos goleadores. Eres delantero y en una parte del partido recibes un pase magistral, dominas el esférico, eludes a dos defensas con increíble habilidad, engañas al portero y, suave, con un toque de izquierda, alojas el balón en el fondo de la red. Corres a celebrarlo y en ese mismo instante alcanzas un libro y lees que tú anotaste un gol sensacional hace unos momentos.
O en cualquier otra actividad que desempeñarás pronto, como todos tus triunfos, serán anotados en el libro con anticipación y de la manera más bonita posible, para que la lectura sea muy entretenida.
            Bueno, pero este libro llega a ser verdaderamente mágico porque el lector y el escritor se van a alternar su actividad. Unas veces quien lea seré yo y el escritor serás tú. Otras veces seré yo el escritor y tú el lector. O nos vamos a fundir en uno solo. (Juguemos) O se podrá entender así: El “yo” del libro soy yo que leo. Es decir, que yo… ¡Éste que está frente a las páginas! – o frente a las palabras- absorbiendo párrafo tras párrafo, enseñanza tras enseñanza, con velocidad inusitada, seré yo.
            Pero… ¡¿Quién yo…?!
            No te preocupes ni te hagas bolas. Ese que al principio de esta lectura dice “me encargan a mí su redacción” (“a mí”) podrás ser tú o yo, considerémoslo como lo mismo.          
Pero no nos perdamos en un laberinto sin fin.
                                                           Sin fin
            A propósito de sin fin, esta narración (acerca de que ya hay un libro en el futuro) la podré escribir “yo” de mil maneras, de un millón de maneras; de un billón de maneras… de un sin fin de maneras. Repito, sin fin
            A partir de este punto (no puse punto después de haber escrito “Sin fin”), me detengo a pensar sobre cuáles podrían ser esas tantas otras maneras de continuar este relato. ¿Qué ideas nuevas y maravillosas podría inventar para seguir hablando de este libro del futuro…?
                                                           Debo pensar
                                                                Pienso
 
            En fin, para viajar por otros rumbos con la imaginación, una vía es retomar el hilo conductor de lo que me propongo contar en este texto, partiendo desde cualquier idea desarrollada párrafos atrás. Y así es como voy a intentar seguir escribiendo (que es lo mismo decir que tú vas a seguir escribiendo). Para lograrlo, puedo saltar atrás sobre las líneas de esta página y reiniciar la redacción desde la parte en que sé que soy un escritor-mago. O desde la parte donde se mete un gol.
            También podría empalmar partiendo del final del párrafo donde se menciona que este libro, en sus dos versiones, estará “flotando en el aire”.       
            Podría elegir reiniciar después de las dos o tres primeras líneas. Después de todo, dos o tres líneas dan más estabilidad que una sola. Esas líneas que me llevan al futuro. Líneas imaginarias.
Voy volando en las alas de un libro abierto sobre esas líneas, porque un libro abierto siempre será mejor que uno cerrado, ¿no crees?
            Un libro cerrado representa paz, quietud, sosiego; duda; el sedentarismo.
            El libro abierto frente a nosotros nos convierte en nómadas; en pájaros. Nubes. Ríos. Viento. Luz. Cielo. Mar…
                                                           Futuro…





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