Rómulo Mar
  Alas rotas
 
         Por fin siento de nuevo paz en mi alma y mi deseo de escribir se reaviva.
          El tema no lo escojo deliberadamente. Sólo suelto mi imaginación y el relato empieza a rodar...
          Me detengo en el umbral de mi mente. Mis sentidos se disparan al contemplar el deslumbrante espectáculo que en el interior se desarrolla: hermosas mujeres semidesnudas, con movimientos serpentinos, casi flotando, danzan, relajadas, en un espacioso salón. A los costados, otras damas de vivaces miradas se solazan sobre finos sillones, alfombras y cojines orientales.
          Una música suave, dulce, fresca y cadenciosa ameniza el deleitable ambiente. Invade todos los rincones un exquisito y subyugante aroma.
          En el centro, sobre un espléndido mesón cubierto con límpidos manteles blancos, un banquete preparado con esmero invita al paladar. Manjares exóticos humeantes y una variedad de jugosas frutas maduras: manzanas, melocotones, fresas, racimos de uvas, rodajas de sandía y piña, mangos y naranjas se ofrecen en amplias bandejas colocadas con delicadeza.
          Hechizado, avanzo sobre el piso de seda del salón dispuesto a disfrutar de tales delicias. En medio del recinto me detengo y pienso, ¿qué tomo primero? Titubeo. Luego, decidido, me desplazo hacia mi primera elección...
          Pero en este instante escucho una detonación de arma de fuego en el exterior. La onda expansiva impacta en mi alma, agita mi espíritu, y mi historia se destruye, se desmorona... ¡otra vez!





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